Viva la muerte....
¡VIVA LA MUERTE!
El 12 de octubre de 1936, Miguel de Unamuno exponía en la Universidad de Salamanca. Eran momentos complicados. Su discurso se vio interrumpido por el grito de "¡viva la muerte!" y luego una andanada de insultos. Un grupo importante de personajes con camisas azules se pone de pie y hace el saludo fascista. El responsable del grito que definirá para siempre la teoría y praxis del fascismo es el general José Millán Astray. Alguien dice allí, refiriéndose a Cataluña y al país Vasco como un cáncer en el cuerpo de la nación, agregando: "El fascismo, que es el sanador de España, sabrá como exterminarlas, cortando en la carne viva, como un decidido cirujano libre de falsos sentimentalismos". Más claro, imposible. Eso mismo significaba el "¡viva la muerte!". Francisco Franco se encargaría de demostrarlo.
Mañana, cuando falten apenas seis días para que se conmemore un nuevo aniversario del golpe de estado más salvaje y asesino de la historia de muestra patria, sectores de ultraderecha y de la clase media embrutecida por el miedo inoculado por los Medios masivos de comunicación, marcharán a la Plaza de Mayo en apoyo a las declaraciones de la envejecida diva Susana Giménez y otros famosos de pelaje variado sobre la conveniencia de instaurar en nuestro país la pena capital.
Este grupo de personas, debe quedar bien claro, saldrán mañana a pedirle al Estado argentino que mate para que ellos se sientan seguros. Fogoneados por varios canales y diarios, y comandados por dos punteros políticos del candidato De Narváez, casualmente dueño del multimedios de la inseguridad, tema en el que, casualmente también, este candidato basa su campaña electoral. Marchan al grito de "¡viva la muerte!", pero para los otros. Para que no tengan que vivir, como dijo Tinelli, prisioneros en sus countrys, mientras los chorros están libres, chochos de la vida, allá en sus villas miseria.
No sé si alguna vez tuvo lugar en nuestro país un reclamo semejante. Un expreso y abierto pedido de muerte al otro, al pobre, al diferente. El nuestro es un país que trazó con sangre su historia. Las interminables guerras civiles, el genocidio roquista de nuestros indígenas, la Semana Trágica, los fusilamientos de la Patagonia, el bombardeo de Plaza de Mayo, los fusilamientos de José León Suárez, Trelew, la ESMA, el Olimpo, y demasiados etcéteras. Todo esto jalona una historia de violencia que poco y nada tiene que ver con los episodios de criminalidad a los que los Medios transformaron en el Apocalipsis. En el drama nacional.
El drama nacional no lo muestran los medios: la cantidad de chicos que mueren todos los días por causas evitables, pobres de toda pobreza, perdidos para siempre por obra y gracia de un sistema ideológico que se instauró para que personas como Susana Giménez y Tinelli gocen de sus infinitas riquezas y que aún no ha podido ser erradicado. Esos pibes mueren para que esta gente siga facturando. Y si no mueren por enfermedad, hambre o violencia, allí estarán los divos televisivos para pedir su muerte legal, cuando hayan crecido lo suficiente como para ser una amenaza.
Mañana marchan a pedir la muerte, reviviendo esa vieja costumbre de la clase media que puso a Videla y Massera en el poder. Y allí estarán los Medios, igual que en 1976.
Seamos justos. En algo tenía razón Susana, al fin y al cabo: había dinosaurios vivos.




