"ES TIEMPO DE REFLEXION, DE SINCERAMIENTOS Y DE QUE SE VAYAN LOS QUE TENGAN QUE IRSE"
"ES TIEMPO DE REFLEXION, DE SINCERAMIENTOS Y DE QUE SE VAYAN LOS QUE TENGAN QUE IRSE"
Por Margarita Stolbizer
El acuerdo político de Kirchner y Lavagna, a solo 3 meses de la elección en la que compitieran, vuelve a mostrar que en el justicialismo las divisiones o confrontaciones son simples estrategias efectistas para romper el funcionamiento del esquema institucional-constitucional y quedarse con todo el poder.
Lo venimos viendo hace años: se separan en las elecciones y juntos, reparten el Estado como un botín. Así es como se vienen quedando con los tres senadores de cada provincia pese a que la Constitución los asigna a dos partidos políticos. Así es como han burlado el sistema de mayorías y minorías y han estafado la voluntad popular aparentando peleas que son ficciones.
No nos equivocamos cuando dijimos que era una falsa opción, que Lavagna había convalidado muchos actos del Gobierno con los que los radicales discrepamos absolutamente, que compartieron la continuidad de la política privatizadora de los 90 y también los negocios con sus concesionarios y hasta el escándalo de las valijas de Southern Winds. Comparten un mismo espacio político que es el centro, al que adosan la categoría de progresistas para disimular su posicionamiento histórico.
Por eso hace tanta falta que el radicalismo se autodepure, se reorganice y se asuma como la fuerza política más importante de la centroizquierda, desde la cual seguir contribuyendo a fortalecer a la Coalición Cívica como alternativa de gobierno. Pero para eso, la mejor contribución de Lavagna en su acuerdo con Kirchner debería ser llevarse con él a todos los radicales que hace tan poco tiempo lo acompañaron para enfrentar al matrimonio con quien ahora termina aliado, en una nueva caminata por los jardines de Olivos, -testigos mudos de los peores acuerdos de la Argentina democrática- que el ex presidente usa desprejuiciadamente para sus reuniones en calidad de príncipe consorte.
Claro que está bien que el justicialismo se reorganice y que muchos dirigentes sinceren su pertenencia y su permanente vocación de pararse bajo el árbol que da sombra. Pero así como la ciudadanía, la justicia electoral también deberá tomar nota para impedir que con la apertura de los procesos electorales, el sistema vuelva a ser manipulado para estar al servicio del proyecto hegemónico y de aquellos que por ignorancia, error o complicidad, lo toleran y no lo denuncian.
Así las cosas están ahora más claras. Así llegamos a la profecía auto cumplida que algunos habíamos anticipado cuando nos negamos a acompañar una aventura electoral y oportunista.
Que cada cual se haga cargo, para poder producir un debate profundo sobre el funcionamiento del sistema político y el rol de los partidos, de las ideas y principios que los sostienen, acreditando con nuestras conductas la coherencia debida entre el decir y el hacer.



