El género como salvoconducto”
El género como salvoconducto"
Adriana Amado Suárez (Doctora en Ciencias Sociales especializada en medios de comunicación)
Hace medio siglo, Simone de Beauvoir demostró que nuestra cultura había asignado a la mujer una posición asimétrica basada en atributos tales como debilidad, dependencia, lo emocional por sobre lo racional, lo doméstico sobre lo público; justamente en aquellos en los que la sociedad educaba a sus mujeres. Desde entonces, el discurso de género viene argumentando que las virtudes y defectos de las personas así como sus competencias profesionales no están determinados por el casillero del sexo del DNI.
Por eso resulta extraño escuchar de una mujer de poder la idea del género recurrentemente asociada con el pedido de ayuda -o de comprensión- que peligrosamente pareciera ratificar el prejuicio social de la debilidad de la condición femenina. En la misma tribuna en que se presentan los logros en nombre del modelo, reiteradamente se asignan los inconvenientes al género. En el triunfo se insiste en que se trata de la primera mujer elegida para el cargo, pero frente a las amenazas se recuerda que hubo una anterior. Al recurrir al género como salvoconducto para solicitar concesiones se transmite el mensaje, quizás inadvertidamente, de que la presunta debilidad resultaría no de las decisiones políticas sino de la naturaleza femenina de quien las toma.
No puede pelearse en la oficina igualdad de salarios y después excusar la llegada tarde en las alteraciones hormonales, porque se abona el prejuicio que justifica sueldos inferiores para las mujeres en nombre de hipotéticas pérdidas de productividad por días femeninos. Algo parecido pasa cuando se insiste en explicar las reacciones por los desaciertos de las decisiones económicas de todo un gobierno en la naturaleza femenina de la cabeza del equipo. O cuando se cierran los puños para demostrar fortaleza, pero el acto cierra con el abrazo protector del hombre del apellido de casada. Justo lo mismo que culpás.



