Cartografías discursivas y cultura política
Cartografías discursivas y cultura política
Los discursos de actualidad y los procesos de regresividad de derechos en la Argentina contemporánea.
Ana Beatriz Ammann y Mirta Alejandra Antonelli
1. Delimitación del problema
Las representaciones sociales de violencia y justicia que se fraguaron en la dimensión simbólico-imaginaria de la última década de la Argentina muestran, quizá, las más decisivas mutaciones socio-económicas y políticas abiertas en los 90.
En la construcción de actualidad, ese efecto de presente en devenir por el cual los medios configuran un dominio (mediático) de experiencia colectiva (Verón:1988, Derrida:1998), venimos indagando, precisamente, tal proceso complejo de transformaciones, de distinto orden, nivel y alcance, desde una perspectiva sociosemiótica (Verón, 1987).
Adoptamos inicialmente la conceptualización de lo mediático como mutación teletecnológica, en tanto condición histórica y de posibilidad, de una generalizada dislocación de la cosa pública, la res pública, y por lo tanto, de la política. Es por su carácter trastocador de las topografías mismas de la política moderna que hemos preferido hablar de cultura y dispositivo mediáticos (Derrida: 1995 y 1998) y no simplemente de "espacio mediático"(Balandier:1994).
El específico conjunto de relaciones que se estableció entre política, medios y sociedad en la Argentina desde la doble presidencia menemista y sus escenarios "post", hizo del dispositivo mediático una condición de existencia de la política y una condición de producción de la puesta en discurso público de los procesos que desconfiguraron y reconfiguraron los hasta entonces marcos de referencia societales y políticos y, por lo mismo, operaron un trabajo hegemónico en los universos sociosimbólicos que estarían disponibles y los que serían confiscados.
1.1. Dimensión cultural de nuestra indagación en relación con la regresividad de derechos.
El dispositivo mediático, con operaciones y estrategias socio-discursivas (retóricas, argumentativas, narrativas, etc), ha venido construyendo representaciones asociadas al ámbito, las instituciones, los actores, las prácticas, los procedimientos de la Justicia (en diferentes articulaciones con la Ley y el Derecho) tematizando sus disfunciones, proponiendo pautas de legibilidad y lógicas de inteligibilidad. Por lo mismo, ha trazado y desplazado las fronteras entre legalidad, ilegalismos y delito / legitimidad e ilegitimidad, organizando un espacio para-jurídico o extra-jurídico de definición, designación, clasificación y redistribución de tales categorías.
Un foco de particular relevancia para ins(e)scribir la regresividad de derechos son las narrativas de control social (Mumby: 1997) mediante las cuales ha producido y produce relatos, escenas e identidades asociadas a formas nuevas o resignificadas de violencia (delitos, ilegalismos, transgresiones a las normas o al "orden público", etc.). Sin duda, han instaurado las condiciones de enunciabilidad y de visibilidad pública de la marginación, la pobreza y la exclusión describiendo y narrativizando procesos de desintegración o alteración de las identidades sociales. También han configurado y ritmado, con particulares regímenes, una ciudadanía de las pasiones articulada a la actualidad como un escenario asediado por la inseguridad, la impunidad, la corrupción, organizando una trama compleja y múltiple de narrativas que atraviesa la cultura política.
Como proceso destacable de la polimórfica relación entre política, medios y sociedad, el dispositivo mediático ha redefinido y legitimado su estatuto institucional, su deontología y su función en relación a la (problemática y también mediáticamente atravesada) "sociedad civil", al poder político y a las instituciones de la Justicia, instituyendo su lugar y posición enunciativa y un específico régimen de visibilidad.
Ya en los inicios mismos de la década pasada, las transformaciones que afectaran las representaciones de Justicia y evidenciaran las formas actuales y específicas de sus disfuncionamientos, se diagnosticaron como crisis de juridicidad (Zaffaroni, 1990). Este diagnóstico traducía y anunciaba la problematización de las categorías de legalidad y legitimidad, así como las relaciones entre ley, derecho y justicia, es decir, también, de lo justo. Para desnaturalizar su puesta en discurso mediático, hemos asumido una definición de Justicia que excede y antecede el marco estrictamente jurídico delimitado por la divisoria entre legalidad/ilegalidad. En el mismo sentido, la categoría de "violencia" que ponemos a jugar involucra las formas de coacción implicadas en diferentes procesos de segregación y no sólo el dominio de "lo delictivo".
En verdad, el proceso aludido evidencia más bien un umbral de desestabilización de fronteras entre dichas categorías, sus ausentamientos y negaciones: a/i-legalidad, ilegalismo, a/i-legitimidad. Del mismo modo, el funcionamiento entre los tres últimos dominios ha resultado contingente, revocable y regresivo. Así, el "estado de derecho" ha sido inoculado con la fuerza (des)autorizada de golpes de ley y violencias interpretativas instituyentes que sindican, no solo la falla constitutiva de la Justicia, su imposibilidad (Derrida:1997) sino la subversión hegemónica de la noción de lo justo como efecto de la cooptación de los poderes fácticos -políticos, económicos y mediáticos-, en el escenario de una democracia de opinión que se emplazó como neo agora en la misma operación de desvío que desalojó la deliberación polémica de la política como campo.
Este proceso de trastocamiento ha mostrado ser constitutivo de la configuración del imaginario colectivo del desamparo (Hopenhayn) y una de las dimensiones fundamentales en que se ha manifestado el impacto dislocatorio producido sobre prácticas e identidades sociales por la definitiva instauración en Argentina del modelo político- económico llamado "neoliberal" en la particular coyuntura del presidencialismo personalista y neopopulista. El desamparo, entonces, en nuestra indagación, condensa simbólicamente la articulación de una serie jurídica signada por la "impunidad", la "corrupción" y la "inseguridad", con una serie política y socio-económica, en las que se inscriben la marginación, la exclusión y la desocupación (Hopenhayn, 2004). El dispositivo mediático también desplegó su performatividad para configurar universos legítimos que volvieron obscenos, es decir, sacaron de escena (denegaron), esta urdimbre del desamparo.
Desde el 2000, con las distintas inflexiones de la "inseguridad" al "riesgo-país", "país en riesgo", retornó, como espectro, el "discurso de la urgencia económica" que colonizara la década de los ´90 desde sus inicios mismos (Nun,1995).
Este régimen discursivo-político de la urgencia económica había emplazado sus escenas fundacionales en el adelantado traspaso presidencial de Alfonsín a Menem. En una saturada y suturada configuración de la actualidad nacional sobredeterminada por la "crisis" de un "país en llamas", en el año 1989 puede localizarse el umbral en el que se legitimara la descentralización del estado y el macro proceso de privatizaciones, es decir, el trabajo de borramiento del imaginario del estado social y de lo público.
Luego de los acontecimientos (Nora:1972, De Certeau: 1995 ) de diciembre del 2001, el proceso de radicalización al que nos referimos tendría como punto de inflexión el pasaje del imaginario territorial ("país en crisis", "país en ruinas", etc) a la metáfora del "naufragio", en tanto máxima distopía imaginaria del drama social. En relación con dichos acontecimientos, las series y sublíneas de investigación que se vienen desarrollando en este proyecto han cobrado otra clave de legibilidad e inteligibilidad. En efecto, el desmontaje crítico de los procesos indicativos de los 90 permite identificar un significativo conjunto de condiciones sociodiscursivas de producción cuyos efectos y usos vienen encabalgando los funcionamientos mediáticos a procesos de fragmentación social, y políticas doxásticas regresivas en términos de derechos y obturadores de lazos sociales.
2. Núcleo de reflexión:
Los complejos funcionamientos e imbricadas relaciones entre medios, política, doxa y sentido común forman parte de preocupantes diagnósticos y pronósticos a nivel societal y de cultura política. Entre ellos, no cesan de mostrar su centralidad la criminalización de la pobreza y del reclamo social y la privatización de la exclusión (o responsabilización individual de los procesos de precarización, marginación y privación de bienes comunes, como salud, trabajo, educación, etc), respecto de las cuales los medios están proveyendo matrices de aceptabilidad que retroalimentarían las agendas sociales y políticas .
También se ubica centralmente, por su envergadura para la cultura política, la inestable e inconclusa divisoria entre lo legal/ilegal; legítimo/ilegítimo; en un proceso caracterizado por la re-enunciación sine diem de lo judiciable (fallos controversiales, revocatorias, vetos, etc.). Esta re-enunciación estaría posibilitada por el "fuera de marco" (De Certeau, idem.) entre el campo político y el campo social, en la aún vigente capacidad de acción de la clase política y sus instituciones.
Como dimensiones dominantes de la visibilidad mediática de los procesos de regresividad de derechos, los acontecimientos de diciembre, como punto de anudamiento, permitirían leer el proceso abierto en clave de políticas del cuerpo/cuerpos políticos, en una "sociología que no procede por enunciación sino por demostración mediante el drama" (Balandier: 1994). Este desplazamiento de la centralidad discursiva por la performatividad de los cuerpos segregados (desocupados, criminalizados, escrachados, enfermos, desnutridos, etc.); se traduciría en una aritmética del drama social (cuantificaciones, porcentajes, etc.) y en las geomeotrías de las violencias (proyecciones, curvas, pirámides, etc.) como modalidades de "registro" y referenciación de las cartografías imaginarias de una Argentina percibida como "inédita" (mapas de la inseguridad ciudadana, de los reclamos sociales, de la desnutrición, del desempleo, etc.), en un escenario vacío de cuerpos políticos ante la condena social extendida.
Desde hace tiempo venimos interrogándonos por este presente que somos, por el cómo ha sido posible esta mutación. Proponemos hacer del dispositivo mediático un lugar de indagación sobre los modos en que ingresaron al discurso público los procesos que impactaron el imaginario de una imposible sociedad, desescribieron/reescribieron y visibilizaron las identidades sociales, culturales y políticas.
Nos preguntábamos - y aún lo hacemos -qué archivo del presente político cristalizaron, qué memoria cortoplacista fijaron con escenas y postales de un campo de experiencia de la democracia en clave de narrativa escatológica, qué proyectualidad promovieron y qué horizontes de expectativas inhibieron al confiscar enunciados, expropiar relatos y sentidos societales otros, y saturando el efecto de actualidad con estrategias que suturaron la discursividad doxástica y el sentido común de una democracia sobredeterminada por la economía.



