Alfonsín
Alfonsín
Por Pepe Eliaschev
Las necrológicas dan por cierto que alguien murió. Yo no sé hoy si éste es el caso. En rigor de verdad, todo lo que digo lo podría decir ahora como lo podría haber dicho antes, como lo podría decir mañana.
Él me hizo volver. Cuando ganó, me di cuenta de que mi exilio había terminado. Me di cuenta de que si hubieran ganado los otros, los peronistas, hubiera habido auto amnistía de los militares. No hubiera habido juntas militares juzgadas. Por eso, cuando ganó, asumió el poder y lo primero que hizo fue juzgar a las juntas, me di cuenta de que la larga década del exilio llegaba a su fin.
Y cuando ya estuvimos acá, me sacó a la calle. Raúl Alfonsín convocó a la gente a la Plaza de Mayo cuando a la República la acechaba un golpe militar de ultra derecha, un golpe militar que cosechaba solidaridades imprevisibles. Afortunadamente, el país democrático, incluyendo muchos notables justicialistas, se agrupó en el balcón de la Casa Rosada para detener la asonada golpista.
Es el hombre que me costó entender, como a tantos coetáneos. Lo hablé entonces, y lo hablé luego muchísimas veces, cara a cara y a solas con él, mirándolo a los ojos, así como él siempre me ha sostenido la mirada. "¿Por qué lo hizo?", le preguntaba. Jamás me hubiera sido posible tutearlo. Siempre le he dicho "Doctor". Porque es un doctor. Siempre le he dicho "Doctor Alfonsín".
Estaba convencido, y siguió convencido hasta último momento, que era indispensable evitar el derramamiento de sangre. Él sabía, y él lo supo en Campo de Mayo, que si algún tipo de gesto la democracia no producía, lo que se había conquistado, lo que se había recuperado, se desintegraría.
Me costó también entenderlo cuando pactó. ¿Por qué lo hizo? Muchos se lo preguntamos. Con una paciencia infinita, Alfonsín lo explicó una y otra vez, y encima lo dejó por escrito en un libro formidable e imprescindible para los jóvenes, que se llama "Memoria política". Estaba convencido de que era la única manera de encuadrar a un hombre cuyo apetito de poder era voraz, Carlos Menem.
Pero Alfonsín también es el hombre que transgredió. Transgredió mucho más de lo que muchos imaginan, en un momento en donde nadie transgredía nada. Por eso fue combatido por izquierda y por derecha. Por eso desde la izquierda lo corrían con el Fondo Monetario Internacional, y hubo un grupo de alucinados demenciales, finalmente homicidas, que fue a por un cuartel, dejando un saldo de 40 muertos.
Pero la derecha lo odiaba. La Sociedad Rural le dio vuelta la cara en Palermo. La Iglesia Católica Apostólica Romana, aún cuando había gente de probada convicción católica en el gobierno de Alfonsín, le hizo la vida imposible con la ley de divorcio, que hoy es prácticamente una antigualla.
Le cantó las cuarenta en la cara a Ronald Reagan en los jardines de la Casa Blanca, por eso fue recelado. Porque la política exterior de Alfonsín propugnaba la paz en Centroamérica. Estaba en contra del intento subversivo contra la Nicaragua sandinista. Argentina fue un país clave en el Grupo Contadora.
Es el hombre que se ha jugado por el sistema, siempre. Tuvo muy en claro que lo único que no era negociable era la democracia y la separación de poderes. Por eso, cuando en el '89 el peronismo vociferaba "Cuando usted disponga, ahí llegamos", prefirió irse antes, y evitar que estallara el país. Pidió diálogo en todo momento, y a menudo no lo consiguió, sobre todo en los últimos años.
Hace mucho tiempo que Raúl Alfonsín es un indispensable. Un hombre que por méritos propios, por tenacidad, por patriotismo y por nobleza personal, tenía y tiene la talla de un estadista. Él pensó, y sabía, que la Argentina tenía que salir de la Capital Federal en algún momento. Por eso habló de Viedma. Lo calificaron de loco, de alucinado, de psicópata: "¿Trasladar la Capital?". No se equivocaba: hoy, como ayer, como mañana, seguirá siendo estratégico. Por eso hizo un Congreso Pedagógico, porque consideraba que era indispensable debatir a fondo, qué educación queremos para los chicos.
Y sobre todo, es el hombre que, a 72 horas de haber asumido la presidencia de la Nación, con las Fuerzas Armadas intactas, con los servicios de inteligencia de las juntas intactos, con la entera estructura del genocidio en su lugar, firmó el decreto de enjuiciamiento a las juntas militares y también a las cúpulas de las organizaciones guerrilleras. Todos ellos tuvieron la posibilidad de defenderse. La Justicia, con enorme rapidez, pese a que apenas hacía horas habíamos salido de la dictadura, terminó con el paradigmático Nunca Más, un ejemplo para el mundo, un caso sin precedentes.
No descolgó cuadros del Colegio Militar, no vociferó contra gente impotente, no cazó leones en el zoológico. Por eso, así lo trataron los carapintadas.
Éste es el Alfonsín que yo recuerdo.
El que siempre recordaré.
Un hombre de una infinita bondad.
Un hombre que me hizo volver, a mí, y a mis seres queridos.
El hombre que fundó la democracia argentina.
El hombre al que no quisieron escuchar los actuales gobernantes, cada vez que les pidió que se bajaran de la soberbia y que aprendieran a dialogar.
Con Alfonsín o sin Alfonsín, aunque estará siempre con nosotros, ojalá que los que ahora tienen poder aprendan la lección y se bajen del caballo.
Y aprendan que un estadista es un hombre que hizo, que dijo y que dejó, lo que hizo, dijo y dejó Raúl Alfonsín.
Raúl Ricardo Alfonsin. El padre de la Democracia Argentina
Vida y obra de Alfonsín, el presidente de la democracia.
Raúl Ricardo Alfonsín nació el 12 de marzo de 1927 en la localidad bonaerense de Chascomús, como el mayor de los seis hijos de Raúl Serafín, un comerciante minorista de orígen español, y de Ana María Foulkes, descendiente de alemanes. Estudió en la Escuela Normal Regional de Chascomús y en el Liceo Militar General San Martín, donde tuvo como compañeros de clase a los futuros dictadores Jorge Rafael Videla y Leopoldo Fortunato Galtieri.
En 1949 se casó con María Lorenza Barreneche, con quien luego tendría seis hijos: Raúl Felipe, Ana María, Ricardo Luis, Marcela, María Inés y Javier Ignacio. Al año siguiente, en 1950, se recibió de abogado en la Facultad de Derecho de la Universidad de La Plata. Fue el mismo año en el que comenzó a militar en el Movimiento de Intransigencia y Renovación de la Unión Cívica Radical.
Sobre el ocaso del primer gobierno peronista, en 1954, fue electo concejal por Chascomús, pero al año siguiente lo metió preso la Revolución Libertadora. Durante los mandatos de los presidentes radicales Arturo Frondizi y Arturo Umberto Illia pasó primero de diputado provincial, a diputado nacional, a Vicepresidente de bloque y terminó presidiendo el Comité bonaerense de la Unión Cívica Radical del Pueblo (UCRP). Por reabrir el comité provincial en 1966, en plena dictadura de Juan Carlos Onganía, estuvo preso un breve tiempo.
Sin embargo, sólo comenzó a destacarse en política a principios de los '70, cuando creó el Movimiento de Renovación y Cambio. Se trataba una línea del radicalismo apoyada por la militancia universitaria, con una propuesta socialdemocráta, nacional y popular, pero alejada del peronismo y de la violencia política. Allí conoció a muchos radicales que luego serían célebres, como Federico Storani, Leopoldo Moreau y Enrique "Coti" Nosiglia.
Alfonsín perdió la interna con Ricardo Balbín, aunque consiguió la banca de diputado una vez más en 1973. Con el aumento de la violencia del gobierno de Perón e Isabel, fue uno de los fundadores de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH). Desde allí, en su rol de abogado, defendió a opositores políticos perseguidos y presentó habeas corpus por los desaparecidos, lo que implicaba poner en riesgo su propia vida.
También fue uno de los pocos que se opuso a la Guerra de Malvinas que marcó el principio del fin de la última dictadura militar, lo cual comenzó a cimentar su popularidad: Alfonsín arrasó primero en la interna contra Fernando De la Rua, y el 30 de octubre de 1983 se impuso al candidato peronista Ítalo Luder con el 51,7% de los votos contra el 40% del PJ.
Ni bien comenzó su gobierno, como había prometido en campaña, anuló la autoamnistía dictada por los militares y creó la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) a fin de investigar los crímenes cometidos por las tres juntas de la dictadura. En 1984 se publicó Nunca Más, el informe de dicha investigación, y a fines del año siguiente se condenó a cinco mandatarios militares a penas que iban de cuatro años a la reclusión perpetua.
Lo que fue en un principio la principal fortaleza de su gestión, terminaría siendo su mayor debilidad. La amenaza de golpe de estado de los militares era constante y lo obligó a firmar la ley de Punto Final, pero no fue suficiente: ante el levantamiento carapintada de Semana Santa de 1987 se vio sin apoyo militar alguno, y para evitar una guerra civil debió promover la ley de Obediencia Debida. Fue el "Felices Pascuas" y el comienzo del declive de su gobierno.
Sin embargo, fue la economía que terminó de sepultar a Alfonsín. Los buenos comienzos del Plan Austral quedaron opacados por la creciente inflación y la falta de fondos estatales. La oposición del peronismo y del propio radicalismo le impidió emprender las privatizaciones que luego se harían en los '90.
El Plan Primavera fue un último manotazo de ahogado que terminó hundido entre la hiperinflación, la corrida contra el dólar, el aumento de la pobreza y los saqueos. Las elecciones presidenciales se adelantaron al 14 de mayo de 1989 y Alfonsín renunció antes de tiempo, el 9 de julio, para ceder lugar al ganador Carlos Saúl Menem.
La debilidad electoral del radicalismo lo obligó a acordar el Pacto de Olivos con Menem, que permitió la reforma constitucional de 1994 y la posterior reelección presidencial. Para enfrentar la creciente popularidad del menemismo fue el principal impulsor de la Alianza entre la UCR y el FREPASO. Si bien al principio apoyó la unidad del gobierno de De la Rua, se fue distanciando a medida que entraba en el caos de 2001. Ese mismo año fue electo senador por la provincia de Buenos Aires, y votó la presidencia provisional de Eduardo Duhalde.
Desde entonces se dedicó a preservar su salud (sufrió un accidente automovilístico en 1999) y a bregar por la reconstrucción del radicalismo. Fue el protagonista principal del 25º aniversario del retorno a la democracia, una palabra que ya no se puede separar de su nombre. Queda como parte de su herencia, al igual que el juicio a las juntas, la ley de divorcio vincular o el reconocimiento de la deuda externa.
Crisis Mundial... desde otra perspectiva
Crisis Mundial... desde otra perspectiva / Gabriel García Márquez
"Imagínese usted un pueblo muy pequeño donde hay una señora que tiene dos hijos, uno de 19 y una hija de 14.
Está sirviéndoles el desayuno y tiene una expresión de preocupación. Los hijos le preguntan qué le pasa y ella les responde: 'No sé, pero he amanecido con el presentimiento de que algo muy grave va a sucederle a este pueblo'.
El hijo se va a jugar al billar, y en el momento en que va a tirar una carambola sencillísima, el otro jugador le dice: 'Te apuesto un euro a que no la haces'. Todos se ríen. El se ríe.
Tira la carambola y no la hace. Paga su euro y todos le preguntan qué pasó, si era una carambola sencilla,
Y él contesta:'es cierto, pero me he quedado preocupado de una cosa que me dijo mi madre esta mañana sobre algo grave que va a suceder a este pueblo'.
Todos se ríen de él, y el que se ha ganado el euro regresa a su casa, donde está con su mama, feliz con su euro le dice: Le gané este euro a Dámaso en la forma más sencilla porque es un tonto.
¿Y por qué es un tonto?,
Porque no pudo hacer una carambola sencillísima, según él preocupado con la idea de que su mamá amaneció hoy con la idea de que algo muy grave va a suceder en este pueblo.
Y su madre le dice: No te burles de los presentimientos de los viejos porque a veces salen.
Una pariente que estaba oyendo esto y va a comprar carne y le dice al carnicero: 'Déme un kilo de carne', y en el momento que la está cortando, le dice: Mejor córteme dos, porque andan diciendo que algo grave va a pasar y lo mejor es estar preparado'.
El carnicero despacha su carne y cuando llega otra señora a comprar un kilo de carne, le dice: 'mejor lleve dos porque hasta aquí llega la gente diciendo que algo muy grave va a pasar, y se están preparando y comprando cosas'.
Entonces la vieja responde: 'Tengo varios hijos, mejor déme cuatro kilos...'
Se lleva los cuatro kilos, y para no hacer largo el cuento, diré que el carnicero en media hora agota la carne, mata a otra vaca, se vende toda y se va esparciendo el rumor.
Llega el momento en que todo el mundo en el pueblo, está esperando que pase algo. Se paralizan las actividades y de pronto a las dos de la tarde.
Alguien dice: ¿Se ha dado cuenta del calor que está haciendo? ¡Pero si en este pueblo siempre ha hecho calor! Sin embargo, dice uno, a esta hora nunca ha hecho tanto calor. Pero a las dos de la tarde es cuando hace más calor. Sí, pero no tanto calor como hoy.
Al pueblo todos alerta, y a la plaza desierta, baja de pronto un pajarito y se corre la voz: 'Hay un pajarito en la plaza'. Y viene todo el mundo espantado a ver el pajarito.
Pero señores, dice uno siempre ha habido pajaritos que bajan aquí. Sí, pero nunca a esta hora. Llega un momento de tal tensión para los habitantes del pueblo, que todos están desesperados por irse y no tienen el valor de hacerlo.
Yo sí soy muy macho, grita uno. Yo me voy. Agarra sus muebles, sus hijos, sus animales, los mete en una carreta y atraviesa la calle central donde todo el pueblo lo ve.
Hasta que todos dicen: 'Si éste se atreve, pues nosotros también nos vamos'. Y empiezan a desmantelar literalmente el pueblo. Se llevan las cosas, los animales, todo.
Y uno de los últimos que abandona el pueblo, dice: 'Que no venga la desgracia a caer sobre lo que queda de nuestra casa', y entonces la incendia y otros incendian también sus casas.
Huyen en un tremendo y verdadero pánico, como en un éxodo de guerra, y en medio de ellos va la señora que tuvo el presagio, le dice a su hijo que está a su lado: ¿Viste m'hijo, que algo muy grave iba a suceder en este pueblo?
Esto es lo que en sociología llaman "la profecía autocumplida" o "el efecto Pigmalión".
Por eso: No hagas caso del rumor. No seas un instrumento para crear el caos. Lo negativo atrae a lo negativo
Sé POSITIVO. Tratemos de construir con visión de futuro y no de destruir lo que tenemos.
"SI SEGUIMOS HABLANDO Y PENSANDO EN LA CRISIS, INDUDABLEMENTE ÉSTA SE HARÁ MÁS FUERTE" PENSEMOS POSITIVAMENTE Y TRATEMOS DE MANTENER NUESTRAS MENTES SIEMPRE POSITIVAS, SI HEMOS LOGRADO SOBREVIVIR A MUCHAS CATÁSTROFES Y HEMOS SALIDO SIEMPRE ADELANTE, POR QUÉ ESTRESARNOS AHORA??
Manual de consulta,
FRASES DEL RABINO BERGMAN
1.- Cuando vivimos en democracia, los derechos humanos no se
reivindican, se cumplen
2.- No estamos aquí para solucionar el tema de la seguridad, porque no
nos corresponde
3.- No hay que confundir el legado de Perón, con "la locura de Nerón"
4.- Llamamos a los jóvenes para que en junio, hagan estallar de votos
las urnas. Que voten, participen y aprendan a votar, porque lo que
tenemos no lo padecemos porque "lo mandaron", lo tenemos porque
"lo elegimos" nosotros mismos.
5.- Hay República después de Néstor, depende de vos, que participes,
que dejes de dormir la siesta y te hagas ciudadano
6.- No nos dejemos dominar por la prepotencia. Confiamos en que los
humildes, abran sus manos y reciban lo que les dan, pero no entreguen
el voto ni la dignidad
7.- Nos solidarizamos con nuestros hermanos del campo, que trabajan de
sol a sol para el bien de la Nación
8.- Hay que respetar las reglas de juego republicanas, no tenemos
independencia de poderes; nuestros representantes en el Congreso
están reducidos a una escribanía deliberativa que solamente trata lo
que les encargan
9.- Hoy me siento mas cubierto y protegido por la Iglesia Católica,
que por las instituciones de mi propia comunidad judía que
consideran peligroso tener a un judío descarriado
10.- A los judíos nos gusta pasar inadvertidos y si las cosas se ponen
difíciles, enseguida pensamos en volver a Israel. Pero es
perpetuar el paradigma de ghetto; es como estar en un lado y a la
vez no estar en ninguno. Debemos elegir: o somos un ghetto, o somos
ciudadanos. Si somos ciudadanos argentinos, debemos comprometernos
con la agenda del país al que pertenecemos y compartir su destino
11.- A veces me preguntan si me voy a postular. Les contesto que los
argentinos confunden la política con la política partidaria, pero
ocurre que hay una política ciudadana en la que todos debemos
comprometernos, se trata de una dimensión imprescindible para
vivir en el estado de derecho. Pero llegado el caso, si los
valores de la Constitución estuvieran en serio riesgo, lo
consideraría. No me siento parte de los religiosos que quieren actuar
en política, sino de los ciudadanos que no pueden sentarse de brazos
cruzados, mirando como espectadores, una realidad que nos atraviesa.
Esto ya sucedió y lo estamos pagando muy caro
12.- En una democracia madura y con un Parlamento funcionando, la
lógica es que todos estos temas se discuten entre los Partidos. En
todo caso, lo que los representantes de los credos, tendríamos
que decir sería irrelevante. Pero cuando las religiones y los
ciudadanos tienen que salir como últimas líneas de defensa, como el
caso de Blumberg, es que el sistema republicano ha colapsado y no
funciona más.
13.- Cuando uno tiene vocación de perpetuarse, perdió la vocación de
servicio y eso asegura el uso abusivo del poder sobre todo cuando
se usa el dinero para eliminar la oposición. Cuando se llega a esa
instancia estamos en un grado de corrupción del pacto político
inicial propuesto. Cuando el poder está por encima de la ley, colapsa
la República.
Cuando tiene la manera de reformar la Constitución para reelegirse
indefinidamente en un sistema clientelista y encima con una Caja,
puede comprar voluntades y no sólo intendentes, sino también de
clientes que son votos.
14.- Van a ver que cuando uno tiene un síndrome de abstinencia, porque
no tiene opositores que comerse, los fabrica. No es justo ni
lícito calificar a los religiosos como opositores porque disienten,
ni tampoco a ciudadanos que resisten desde la participación cívica que
el estado de derecho les otorga. Enseguida que alguien opina distinto
se convierte en traidor y opositor. Es el estilo del Presidente, un
estilo que requiere que haya oposición y luego busca los medios para
deglutirla. Claro que eso lo que provoca es más hambre de poder
demencial.
A 33 Años, verdad, justicia y castigo
"Vos me estás mirando y yo voy a caer,
colgado en tu sién.
vos me estás mirando y yo voy a caer.
no me ves pero ahí voy
a buscar tu prisión
de llaves que sólo cierran"...
Arte Visual para comprender la
Desaparición Forzada de Personas....
COMPARTO CON USTEDES ESTE EXCELENTE TRABAJO DEL FOTÓGRAFO GUSTAVO GERMANO, GRACIAS POR DIFUNDIR.
"no ves pero ahí voy a encontrar tu prisión.
y la bruma rebota siempre hacia aquí"
"espuma de miedo,
viejo apagón,
y la bruma rebota, siempre hacia aquí".
"solo voy a volver
siempre me varás caer
y cuando regrese de este vuelo eterno"
solo verás en mí
siempre através de mí
de un paisaje de espanto así
Y el nylon abrió
sus alas por mí... ahora solo veo el viento
Juntas. La típica foto de los años 70 con las chicas en el barrio.
Sola. La sobreviviente junto a lo que ahora es una pura ausencia.
Cuatro hermanos.Gustavo,Guillermo,Diego y Eduardo Germano.
Grupo de amigos en 1971.Hoy faltan dos.
y el nylo abrió sus alas en mí
tu cara se borra
se tiñe de gris
Raul y su hemano Manuel con sus novias en 1973.
Laura con sus padres en 1976.

.
serás una piedra sola...
"te desprendes de mí,
yo me quedo en vos"...
1976-24 de Marzo-2009
A 33 años del ultimo Golpe de Estado
Ni olvido ni perdon....
CASTIGO A LOS GENOCIDAS
La coparticipación del conflicto con el campo
Administrar en la abundancia es más fácil que administrar en la escasez. Esa es una verdad indiscutible del filósofo Pero Grullo. El recrudecimiento del interminable conflicto con el sector agropecuario resulta un claro ejemplo de ello. Cuando todo era abundancia, el Gobierno era popular entre los chacareros que lo votaban, y la soja era algo más que un yuyito. Ahora, las cosas han cambiado. Kirchner ya no es rubio de ojos celestes y Buzzi es parte de la patronal agropecuaria.
Dicho sector enfrenta una fuerte caída de su rentabilidad, dado el nivel de precios netos, el costo de los insumos y las condiciones climáticas.
En ese contexto, lo que reclaman los productores es una mejora del precio neto que reciben. Este precio depende del internacional, del tipo de cambio -aunque bastante menos porque la mayoría de los insumos se ajustan por el valor del dólar- y de los impuestos -retenciones que se pagan-.
El precio internacional de todos los productos, dada la crisis global, cayó.
El tipo de cambio real -dólar menos inflación- que afecta la incidencia de los insumos locales -trabajo, fundamentalmente-, también.
La única variable de ajuste, por lo tanto, son las retenciones a la exportación que reducen el monto que reciben los productores. De manera que, más allá de mejoras marginales, relacionadas con acceso a los mercados de exportación, eliminación de restricciones burocráticas, y algunos subsidios menores, cuando el Gobierno dice "de las retenciones no se habla", dice en castellano básico: "no hay más plata para ustedes".
O, alternativamente, "tendrán menos incentivos para producir", lo que puede significar, en zonas marginales no producir, directamente, y en zonas muy productivas, una menor producción. Al final del día, habrá menos producción a la que cobrarle el mismo impuesto. Ya dije, desde estas líneas, que lo que el campo necesitaba, al igual que el resto de los sectores, eran políticas y no negociación.
Pero pensando en la negociación, el campo se sentó a la mesa a mejorar su rentabilidad y el Gobierno a convencerlos de que tienen que seguir pagando los mismos impuestos que cuando los precios internacionales volaban y el dólar, en la Argentina, era caro.
Porque el Gobierno necesita plata para pagar su propio exceso de gastos y financiar la campaña electoral, allí donde están los votos, que no es precisamente en el campo.
En ese contexto, la negociación no tiene salida.
Y más ahora, que el Gobierno nacional aceptó repartir entre $ 5 mil y $ 6 mil millones, provenientes del impuesto a la exportación de soja, con las provincias que adhieran a este régimen automático de reparto y que decidan compartirlo, además, con sus respectivas intendencias.
Reparto a todas luces político, dado que, si bien este mecanismo es menos discrecional que el típicamente usado por el sistema K de gobierno, en donde el reparto se decide en reuniones en Olivos, suma a la "batalla contra el campo" a gobernadores e intendentes que, cuando reclamen plata, recibirán por respuesta: "convenzan a los productores para que vendan la soja y liberen las rutas".
Además, favorece claramente a la Provincia de Buenos Aires, que recibe el doble de fondos que el resto de las provincias sojeras, como Córdoba y Santa Fe (por el coeficiente de coparticipación), además de favorecer a las provincias no sojeras que cobran sin producir el yuyito.
Por otra parte, para el Gobierno nacional no hay mucho "sacrificio". En primer lugar, porque ahora ya le transfiere a las provincias, para obras y de manera discrecional, un monto similar, de manera que reducirá ese monto y lo reemplazará por el nuevo sistema.
Segundo, porque las provincias este año ya iban camino a un déficit de más de 10.000 millones de pesos del que se tendrá que hacer cargo, como prestamista de última instancia, la Nación. Obviamente, después de las elecciones, una devaluación y hasta la posibilidad de usar cuasimonedas pueden cambiar todos los números.
No hay rebaja de impuesto para el sector productor de soja. Y ahora, no sólo se les coparticipa a los gobernadores e intendentes parte de la plata de dicho impuesto, sino que, también, se les coparticipa el conflicto para que no se puedan sumar a la protesta. De paso, se tapa parte del agujero fiscal provincial, a la espera de que, después de las elecciones, la vida sea más fácil para las arcas del Estado nacional y los provinciales.
Muchachos, un pedido: basta de construir tantas escuelas y hospitales. ¡No hay más lugar en el país para ponerlos!.
Comentario escrito por Enrique Szewach en el diario Perfil
La política del rencor
La política del rencor
Dos de los cuatro presidentes de las entidades agropecuarias están amenazados. Líderes rurales denunciaron que hubo "infiltrados" y "encapuchados" en los forcejeos en las rutas entre camioneros y productores. Según el presidente de la Sociedad Rural, Hugo Biolcati, algunos productores fueron agredidos a trompadas por camioneros. "La paciencia de nuestra gente es enorme, pero no infinita", advirtió. Un diputado del oficialismo acusó a un dirigente agrario de haberlo amenazado. Intendentes del corazón sojero del país, sobre todo de Santa Fe, vienen anticipando que la tensión social está al borde del estallido. Argumentaron que al conflicto del Gobierno con el campo se le sumó en los últimos tiempos su propia consecuencia: la actividad económica del país está moribunda, incluidos el comercio y la industria.
En ese contexto, los obispos de la Iglesia argentina manifestaron ayer su preocupación (por boca de su vocero oficial, Jorge Oesterheld) de la existencia de una "paz social alterada". Puede ser la primera manifestación pública sobre esa inquietud, pero antes algunos obispos habían protagonizado hechos concretos que expresaron, más cabalmente aun, el temor de los religiosos ante un clima de excesiva crispación pública.
En efecto, a mediados de febrero, un alto exponente de la dirigencia católica se reunió con un funcionario estrechamente vinculado al matrimonio presidencial. Le transmitió la intranquilidad de la conducción de la Iglesia por los síntomas incontrastables de turbación social y le ofreció una mediación para reconstruir un clima de diálogo entre los distintos exponentes de la vida política y social del país. El interlocutor oficial se manifestó impotente ante una certeza: "Kirchner cree que esas cosas son propias de Duhalde y de su época. Nunca aceptará la propuesta".
Desde entonces hasta ahora han sucedido muchas cosas. La última de ellas ha sido el anuncio de que se repartirá el 30 por ciento de las retenciones a la soja entre todas las gobernaciones y municipios del país. Los productores se convencieron entonces de que ni siquiera la necesidad obliga al Gobierno a ser inflexible. Creyeron comprobar, además, de que la administración sólo quiere fastidiar al campo y aplicarle la venganza por la vieja derrota en el Senado, en julio pasado.
El Gobierno trató de dividir la política de los ruralistas, pero provocó también la fragmentación de la propia política. "La provincia de Santa Cruz y La Matanza nunca vieron una hoja de soja", se ofuscaron funcionarios políticos del interior bonaerense y santafecino ante la perspectiva de que la provincia presidencial y el principal municipio kirchnerista del conurbano cobren también coparticipación por las retenciones a la soja.
Un acto de presión insoportable para los gobernadores fue la condición de que deben adherir explícitamente al fondo de coparticipación de las retenciones a la soja. ¿Qué gobernador podría rechazar en las actuales condiciones económicas la recepción de nuevos recursos? No tienen problemas los gobernadores de provincias que no cultivan soja. Pero los de las provincias sojeras tienen más de un problema: no pueden decir que no, pero deben resistir una fuerte presión de productores y de otros sectores sociales para resistir la política agropecuaria del gobierno federal.
La división política desciende hacia las propias sociedades de esos pueblos y provincias sojeras, que recelan de los manejos políticos de los Kirchner para afectar a los ruralistas. Los intendentes de las zonas rurales, aun los peronistas, se están poniendo a la cabeza de tales insurrecciones. ¿Qué es todo eso si no una potencial alteración de la paz social?
Cualquier interlocutor de Olivos suele confesar que dentro de la residencia de los presidentes sólo se perciben resentimiento y rencor cuando algún parroquiano plantea, tímidamente, el conflicto con el campo. La Iglesia, que suele tener una fina sensibilidad para captar esas pasiones, advirtió ayer sobre la existencia de "resentimientos que serán difíciles de superar". No nombró a Kirchner, pero lo aludió casi de manera inconfundible. Seguramente refirió también al clima de rencor hacia el Gobierno que exudan los productores que reclaman al costado de las rutas.
Otro foco de potencial conflicto es el de la creciente pobreza, un problema que ni siquiera ha sido asumido en su real dimensión por el Gobierno. La medición oficial del Indec señaló un descenso en el número de pobres, una novedad que sólo pueden imaginar los funcionarios que viven en un mundo que no es éste. Sólo hace falta salir a la calle para comprobar que los pobres son cada vez más. El Indec está convirtiendo a la Argentina en un país con datos más falsos que los más pobres y retrasados países de Africa.
El jefe de la Iglesia argentina, el cardenal Jorge Bergoglio, denunció hace poco en Roma, ante el propio Papa, el "escándalo de la pobreza y de la exclusión social" en el país. Por esa puerta, quizás, ingresarán los obispos para abordar el tema de la inseguridad, que se ha erigido, aún en medio de extendidos temores económicos, en el principal tema de preocupación social.
Varios obispos argentinos vienen denunciando desde hace mucho tiempo a una dirigencia política incapaz de resolver la catástrofe de la miseria que se abatió sobre vastos sectores sociales. La marginación social no es la única causa de la inseguridad, pero es una de ellas. En la intimidad de muchos políticos y religiosos se concluye que la pobreza es una desgracia funcional para la permanencia de una vieja dirigencia política, ya varias veces reciclada.
Inseguridad. Pobreza. Conflicto perpetuo con el campo. Aparición de innominados provocadores en escenario cargados de tensión. Hombres amenazados en medio de un litigio con el Gobierno. Discursos oficiales, sobre todo los de Néstor Kirchner, que destilan ráfagas de confrontación y de violencia. El diálogo concebido no como un arte de la política, sino como una inadmisible concesión del derrotado. El cuadro por sí solo es la definición misma de una paz social seriamente alterada.
Comentario escrito por Joaquín Morales Solá en el diario La Nación






